Sobre el arresto de Julian Assange

El jueves 11 de abril la policía británica detuvo a Julian Assange, llevándoselo de la Embajada de Ecuador en Londres, tras la “invitación” del Embajador. El asilo diplomático otorgado por el gobierno de Rafael Correa fue revocado por su sucesor, Lenin Moreno, quien una vez más contravino la orientación política de la Revolución Ciudadana, proyecto en el marco del cual fue electo Presidente.

Assange, activista por el derecho a la información, es el fundador del portal WikiLeaks, en el que se han publicado cientos de miles de filtraciones de distintas agencias estatales, incluyendo cables del Departamento de Estado (Cancillería) de los EE. UU. Ante esto, el gobierno de Estados Unidos acusa a Assange de «conspiración» . Entre las publicaciones más relevantes de WikiLeaks se encuentra el llamado Cablegate de 2010, que consiste en más de 250 mil comunicaciones entre el Departamento de Estado (Cancillería) de los EE. UU. y sus Embajadas en decenas de países, entre los cuales se incluyen Argentina, Brasil, Bolivia, Chile y –por supuesto- Cuba y Venezuela. Gracias a estas filtraciones, los y las argentinos supimos quiénes, dentro de la vieja dirigencia política, asistían regularmente a la Embajada para rendir cuentas y recibir órdenes, entre ellos Sergio Massa y Miguel Pichetto. También supimos de varios funcionarios del Poder Judicial, como Alberto Nisman, que visitaban frecuentemente a la misión diplomática imperialista; lo cual –como señaló en su exposición el juez Ramos Padilla- es contradictorio con las funciones del Poder Judicial. Todos los cables de WikiLeaks que conciernen a nuestro país han sido compilados por el periodista Santiago O’Donnell en su libro llamado ArgenLeaks.

La detención de Assange –que abre interrogantes respecto de su destino,  existiendo la posibilidad de una extradición a EEUU donde podría ser condenado a muerte– marca un nuevo hito en la construcción de un verdadero cepo a la difusión de contenidos en Internet. El primer antecedente conocido de Internet fue el proyecto ARPANET, una red que conectaba los laboratorios informáticos de las principales universidades estadounidenses. Concebido como un proyecto de seguridad interna, en el marco de la Guerra Fría, ARPANET  se vio desbordado por sus usuarios y usuarias, que se apropiaron de la red para compartir información. Desde aquellos pequeños nodos, a fines de los años ’60, la expansión de Internet estuvo sostenida en la socialización de la información como leitmotiv: mientras en Argentina se masificaban las conexiones de banda ancha –a principios de siglo– se popularizó el uso de plataformas nacidas con este propósito, tales como Napster, Ares, BitTorrent y muchas otras. Esto provocó la reacción de la industria discográfica, que levantó la voz en defensa de su monopolio sobre el lucro con el trabajo artístico. Es importante señalar que, salvo excepciones deshonrosas como la multimillonaria banda Metallica, la aspiración de sellos como Sony, Warner y BMG no contó con el respaldo de la comunidad artística internacional, que ponderó favorablemente la posibilidad de descargar música en forma gratuita, subrayando las posibilidades de difusión que hasta entonces eran impensadas. Plataformas como BandCamp, MySpace, GrooveShark y más recientemente Youtube y Spotify no hubieran sido posibles sin la experiencia pionera de Napster y compañía.

En los últimos años, el capital ha avanzado sobre la red en el doble movimiento de arancelar los contenidos –con Spotify y Netflix como emblemas, mientras YouTube ensaya su plataforma “Premium”– y cercenar la posibilidad de hacer en Internet lo que se viene haciendo desde su origen: difundir información de manera “gratuita” –si se tiene una computadora con acceso a Internet, cosa que aún más de la mitad de la población mundial no tiene[1].

En este sentido han avanzado las leyes SOPA y PIPA[2] –promovidas, no casualmente, por los Estados Unidos–, así como el más reciente fin de la neutralidad de Internet, que consiste en que las empresas que proveen acceso a Internet pueden darle más ancho de banda a unos sitios y menos a otros, direccionando los contenidos a los que podemos acceder los y las usuarias. El metabolismo del capital, cuyo proceso fundamental es el de transformar en mercancía todo lo que está a su alcance, ha llegado a nuestra mismísima información personal, constituyendo el masivo y aun parcialmente inexplorado universo del Big Data, que podemos definir esquemáticamente como una base de datos mundial que compendia nuestros hábitos de consumo, los sitios que visitamos, los lugares a los que vamos y básicamente toda información relevante que deje una huella en Internet. Esto ya produjo escándalos mundiales, como el caso de la empresa Cambridge Analytica, en el que se probó que Facebook vendió información privada[3] a dicha firma, que analizó la información para la campaña electoral de Donald Trump. En contraposición, la iniciativa del Parlamento Europeo de aprobar una Ley de Privacidad[4], que habilita a los ciudadanos de ese continente a cierto control sobre la información a la que los sitios pueden acceder, parece –por ahora- una señal alentadora.

La detención de Assange llega en un contexto en el que el imperialismo norteamericano se encuentra en una ofensiva cada vez más abierta contra los pueblos de Nuestra América, como lo demuestra el infame asedio económico y eléctrico, junto a la amenaza constante de una intervención militar, en la República Bolivariana de Venezuela. En este contexto de privatización de Internet, la detención de Assange pretende disciplinar a quienes, como los pioneros de la red, utilicen Internet para compartir información libremente, cercenando el libre acceso a información de calidad al que los millones de usuarias y usuarios de Internet tenemos derecho. En el contexto geopolítico actual, el arresto de Assange es un intento de disciplinar a WikiLeaks, lo que redundaría en mayores posibilidades de que el gendarme mundial promueva crímenes de todo tipo sin riesgo a la exposición pública.

[1] https://datos.bancomundial.org/indicador/it.net.user.zs

[2] https://www.derechosdigitales.org/2346/por-que-sopa-y-pipa-atentan-contra-los-derechos-humanos-en-el-mundo/

[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-43472797

[4] https://www.xataka.com/legislacion-y-derechos/gdpr-rgpd-que-es-y-como-va-a-cambiar-internet-la-nueva-ley-de-proteccion-de-datos

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